Tecleó la cifra sobre el teclado sensitivo y al instante la cafetera estaba destilando un delicioso café con crema que caía con parsimonia en su taza favorita. Observó el humeante líquido mientras introducía un código para las tostadas en el panel de control doméstico que había situado sobre la encimera.
Ese día se había levantado con un fuerte dolor de cabeza. Echó un vistazo a la mini farmacia y se dio cuenta de que no quedaban aspirinas, por lo que, con un nervioso movimiento de su huesudo dedo, anotó dos palabras en la pantalla de LED parpadeante. El servicio de medicamentos a domicilio era bastante efectivo y garantizaban la entrega en una hora como muy tarde o devolvían el importe íntegro de la factura. Sonriendo, pensó que cuando era joven el producto estrella que se servía a domicilio era la pizza. Pero los tiempos habían cambiado mucho en los últimos cuarenta años. Ahora era normal ver coches voladores que se desplazaban a dos metros del nivel del suelo, edificios confeccionados con fachadas en su totalidad a base de paneles solares móviles que no generaban ni un solo residuo, prendas de vestir que llevaban implantados todo tipo de aparatos electrónicos, como teléfonos móviles y pequeños ordenadores. La tecnología y la ciencia habían avanzado hasta límites inimaginables. Por suerte había sido un avance responsable y respetuoso con el medio ambiente, ya que los niveles de contaminación, que habían alcanzado niveles de alerta máxima a principios de siglo, se contuvieron en el año 2020 y comenzaron a disminuir diez años después. El planeta comenzaba a respirar con cierto alivio y la posibilidad de un desastre natural de proporciones catastróficas se alejaba gradualmente.
Oprimió el botón azul y una bandeja se deslizó a través de la ranura situada junto al panel de control. Depositó en ella la humeante taza junto con las tostadas y se dirigió, con paso tambaleante, hacia el dormitorio.
-Cariño, ¿estás despierta?
Aguardó pacientemente en el umbral hasta que obtuvo una respuesta.
-¿Qué haces? Deben de ser las siete de la mañana.
-Son las nueve y media. Debiste quedarte dormida de nuevo viendo el holovisor. Por eso estás tan cansada.
Depositó la bandeja sobre la mesita y, apoyando sus rodillas sobre el colchón, la ayudó a incorporarse con toda la delicadeza que sus viejas manos le podían permitir.
-No sé por qué no hemos cambiado la vieja cama. Somos los únicos del vecindario que tenemos una cama convencional de los años veinte con su colchón de viscolástica y flexibil.
-Sabes que mi pobre espalda solo descansa bien sobre uno de estos. Los reposadores electrónicos de ahora me agudizan el lumbago y luego no puedo caminar derecha.
Con cuidado, apartó un mechón de cabello blanco y besó cariñosamente su sonrosada mejilla. Notó su piel fría como el hielo, por lo que retiró bruscamente la cara y la invitó a que tomara el recién preparado desayuno.
-Oh, creo que no tomaré más que un vaso de zumo, cariño. No me encuentro con apetito esta mañana.
Con resignación retiró la bandeja y se dirigió de nuevo a la cocina. Conectó el holovisor para ver las noticias de la mañana, buscó el canal siete y se sentó mientras se servía una tostada.
Un grito ahogado le alertó. Procedía de la habitación. Se acercó tan rápido como sus piernas se lo permitieron y al llegar vio, horrorizado, cómo su mujer se oprimía fuertemente el pecho con la mano derecha. Su rostro, lívido y convulso reflejaba un dolor agudo en su fase más álgida. Aunque muy nervioso y maniatado por el pánico, recordó la clase de primeros auxilios que recibió en aquel cursillo sobre seguridad e higiene en el trabajo, varios años atrás. Sin duda era el momento de llevarla a la práctica y ver si había servido para algo. Una vez ella había perdido ya el conocimiento, comenzó con la respiración artificial y la alternó con el masaje cardíaco. Permaneció cinco minutos esforzándose al máximo pero sin éxito alguno.
Cuando hubo acabado, se incorporó, no sin cierta dificultad, marcó el teléfono y, tras mantener una corta conversación, colgó y aguardó con impaciencia.
El vehículo tardó una hora en llegar. Abrió la puerta y saludó a los dos recogedores que enviaba la compañía.
-Está en la habitación. Intenté reanimarla pero fue imposible.
-No se preocupe. Por lo que nos ha comentado por teléfono, parece ser una avería convencional y la tenemos tipificada. Estos modelos no suelen dar problemas, pero aún en el caso de que sea un fallo de ajuste, tiene fácil solución. Nos la llevaremos, la revisarán nuestros técnicos y mañana se la devolveremos totalmente reparada.
Como ya dije hace unos días, hoy a propuesta de Senovilla y Ángel Cabrera escribimos sobre "convivencia". No sé si lo que he preparado será lo que se pretendía o no, pero como dice mi buen amigo Markos, "si no lo escribo, reviento...". Se trata de una historia verídica pero en la cual he cambiado los nombres de los protagonistas.
La historia de Luis
Pedro es un maestro de Educación Primaria, que acaba de debutar en el mundo de la docencia. En sus primeros días de clase con un grupo de 18 niños decidió realizar una sociometría para ver cuál era la dinámica de grupo que había en su aula. La sociometría mediante preguntas como "¿con quién te gusta más jugar?", "¿con quién menos?", "¿con quién te gustaría hacer un trabajo para clase?", "¿con quién no?", etc. buscaba dibujar una telaraña de relaciones entre los alumnos para saber qué niño está bien considerado por sus compañeros, cuál no, si hay alguno que es el líder, si hay alguno arrinconado...
El caso es que cuando Pedro observó esta telaraña se quedó fuertemente preocupado por un niño, Luis. Luis era un caso claro y evidente de niño rechazado. Nadie lo eligió como mejor amigo, nadie lo eligió como uno de sus favoritos para jugar, nadie lo eligió como posible compañero para hacer un trabajo... Y lo que era peor, más de la mitad de la clase lo eligió como respuesta a "¿con quién no quieres jugar?" o "¿con quién no te gustaría hacer un trabajo para clase?".
Pedro se dedicó en los siguientes días a observar el comportamiento de Luis, y el de sus compañeros. Lo que el estudio había reflejado no era más que una prueba de lo que sucedía a diario en su clase. Desde su inexperiencia, Pedro se sintió frustrado e impotente, ¿cómo lograr que 17 niños quieran relacionarse con otro?, ¿cómo encontrar la fórmula mágica para la convivencia?
Ayer Carlos (otro de los niños) le pegó a Luis en la cara. Cuando Pedro le riñó y le pidió explicaciones, Carlos argumentó que le había pegado porque era un pesado y porque no quería ser su amigo. Pedro sintió en este momento como a la bofetada que le habían dado a Luis en la cara se le sumaba la que le estaban dando ahora en el alma. Después de hacerle que se disculpara (forzosamente) el día transcurrió como cualquier otro. Pedro continuó todo el día pensando en lo difícil que resulta convivir con los demás cuando éstos no quieren hacerlo contigo, y también pensando en la impotencia que le provocaba esta situación.
Por la tarde, en el patio, los niños se disponían a jugar un partido de fútbol. Pedro, pensando en Luis y en que si los demás elegían a los miembros del equipo le dejarían el último, nombró a Luis y a otro niño para que formaran ellos el equipo. Cuando Luis nombró a su primer elegido, Pedro lo comprendió todo: la respuesta está en ponerle voluntad y en levantarse después de cada tropezón, en tenderle la mano a los demás aunque a veces te la retiren.
- ¿A quién eliges Luis?
- A Carlos.
Y Carlos fue a colocarse detrás de Luis con cara más bien de resignación.
Pedro no sabe cómo acabará esta historia ni si Luis conseguirá relacionarse con sus compañeros y convivir con ellos en esas horas diarias que pasan juntos. Pero sabe que el camino es el que Luis le marcó, ni un paso atrás, siempre adelante, porque convivir a veces resulta muy complicado, pero sin la convivencia estaríamos perdidos.
Por cierto, Pedro acepta y agradece sugerencias e ideas para ayudar a Luis con sus compañeros.
Miró por la escotilla como el niño que observa por vez primera un elefante, con asombro infinito y pasmosa incomprensión. Un negro mate salpicado de puntitos blancos y brillantes lo inundaba todo.
Las preguntas se le agolpaban en la cabeza. ¿Qué hacía ella allí? ¿Por qué la habían elegido entre tantos candidatos? ¿Qué la hacía especial para aquel puesto? Su vida había sido anodina y rutinaria. Era la menor de cinco hermanos y había vivido siempre con su familia en un pueblo junto al río Volga.
Bebió un poco de agua para humedecer la garganta, ya reseca. Echó un vistazo a todas aquellas lucecitas que no le decían nada pero que no dejaban de llamarle la atención. Unas se apagaban. Otras se encendían. No parecían seguir un orden establecido ni un ritmo determinado, pero no podía dejar de mirarlas. El destello que emitían la mantuvo entretenida un largo rato hasta que poco a poco dejó de fijarse en ellas. Un nuevo objeto redondo y azul asomó por la escotilla y pasó a ser el nuevo centro de su atención. “¿Qué es esa bola enorme que se ve? ¿Por qué me es extrañamente familiar?” Una fascinación hipnótica la atrapó en un estado de semiinconsciencia en el que todas sus preocupaciones y dudas quedaron a un lado.
Una voz la rescató del limbo. ¿Había sido un sueño? Esperó un largo rato. No. De nuevo volvió a oir la voz, esta vez más fuerte y clara, pronunciando su nombre y dando a continuación una serie de órdenes que le eran familiares ya que las había estado recibiendo durante el período de instrucción.
Cuando hubo acatado todas las indicaciones, se preguntó a sí misma cuánto duraría aquello. Cuándo podría volver a casa con su familia y amigos. Ensimismada en estos pensamientos, le invadió un fuerte sopor y el cansancio comenzó a hacer mella, por lo que decidió tumbarse para descansar un poco. Echó un vistazo al ojo de buey: la enorme bola azul había menguado de tamaño. Comenzó a tener dificultad para mantenerse despierta. Su respiración dio paso a fuertes jadeos y la debilidad se fue adueñando de su cuerpo. “¿Qué me sucede? No me advirtieron qué hacer en caso de dificultades.”
En vano buscó con la mirada alguna salida que la ayudara a volver al mundo real, pues estaba llegando al convencimiento de que aquello no podía ser sino una pesadilla, un mal sueño producido por algún alimento en mal estado o por una simple enfermedad pasajera.
Mientras llegaba a la más completa extenuación, el delirio se apoderó de su mente y creyó oir la voz de su madre gritándole desde el cobertizo: “¡Laika, acércate! Tengo un hueso para ti.”
A un hombre de unos 70 años le está entrevistando un periodista en plena calle.
El hombre entrevistado se expresa del siguiente modo:
Soy hijo de exiliados.
Hasta los 27 años y antes de la transición no pude volver a España.
A mi padre, pobrecito, no sabíamos ni dónde enterrarlo.
Mi madre estuvo muchos años en silla de ruedas.
Ahora tengo 70 años.
Hace meses me sacaron el 30 % de un pulmón.
Mi mujer es inmigrante.
Tengo tres hijos con ella.
De los tres sólo trabaja una , la del medio,... pero no cobra nada y por su marido se han tenido que ir al extranjero por posible corrupción.
Todos, incluidos los nietos, viven de mi asignación.
La mayor se acaba de divorciar.
Mi yerno se daba a las drogas y al alcohol y lo ha dejado quedándose con dos niños.
El pequeño de mis hijos aún no se ha ido de casa y además se ha casado con una divorciada con algún aborto provocado a sus espaldas y la ha traído a vivir con nosotros.
Esa señora antes trabajaba, tenía muy buen puesto, pero desde que vino a mi casa ya no hace nada.
Ahora tienen dos niñas que también viven bajo nuestro techo.
Y para colmo este año, con lo de la crisis, casi no nos hemos podido ir de vacaciones y si me apuras... ni he podido celebrar que España ha ganado el Mundial.
El periodista pone los ojos muy redondos y comenta:
Majestad, no creo que su situación sea tan mala.
No estoy seguro de cómo llegué a ser actor cómico. Tal vez no lo sea. En cualquier caso me he ganado la vida muy bien haciéndome pasar por uno de ellos.
Los amigos van y vienen… ¡pero los enemigos se acumulan!
Si el amor es ciego… ¡mejor darle una probadita antes!!!
Si fuese bueno tener mujer, ¡Dios tendría una…!
Y si se pudiese confiar en ella… el diablo no tendría cuernos…
Sean amables con sus hijos… Ellos son quienes un día escogerán vuestro hospicio…
Algunos aman tanto a su mujer que para evitar gastarla, ¡utilizan la de otro…!
Peor que una piedra en el zapato… un granito de arena en el preservativo…
Aunque es del dominio público, creo que puedo anunciar que nací a muy temprana edad.
Los jefes son como las nubes… ¡¡cuando desaparecen, el día se arregla!!
Nunca pertenecería a un club que admitiera de socio a un tipo como yo.
Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.
Disculpen si les llamo caballeros; pero es que no les conozco muy bien.
¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?
No reírse de nada es de tontos, reírse de todo es de estúpidos.
El verdadero amor sólo se presenta una vez en la vida… y luego ya no hay quien se lo quite de encima.
El amor es como la gripe: la pescas en la calle ¡pero te curas en la cama…!
El matrimonio es la principal causa de divorcio.
Hay muchas cosas en la vida más importantes que el dinero… ¡Pero cuestan tanto!
- ¿Cómo ha tenido 20 hijos en su matrimonio?
- Amo a mi marido.
- A mí también me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca.
La jerarquía es como un estante… ¡a más altura, menos sirve…!
Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente.
La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.
Quiero el día que yo muera
poder donar mis riñones,
mis ojos y mis pulmones.
Que se los den a cualquiera.
Si hay un paciente que espera
por lo que yo ofrezco aquí
espero que lo hagan así
para salvar una vida.
Si no puedo respirar,
que otro respire por mí.
Donaré mí corazón
para algún pecho cansado
que quiera ser restaurado
y entrar de nuevo en acción.
Hago firme donación
y que se cumpla confío
antes de sentirlo frío,
roto, podrido y maltrecho
que lata desde otro pecho
si ya no late en el mío.
La picha yo donaré,
que se la den a un caído
y levante poseído
el vigor que disfruté.
Pero pido que después
se la pongan a un jinete,
de los que les gusta brete..
Sería eso una gran cosa
yo descansando en la fosa
y mi picha dando fuerte.
Entre otras donaciones
me niego a donar la boca.
Pues hay algo que me choca
por poderosas razones.
Sé de quién en ocasiones
habla mucha bobería;
chupa lo que no debía
y prefiero que se pierda
antes que algún comemierda
mame con la boca mía.
El culo no donaré,
pues siempre existe un confuso
que pueda darle mal uso
al culo que yo doné.
Muchos años lo cuidé
lavándomelo a menudo.
Para que un cirujano boludo
en dicha trasplantación
se lo ponga a un maricón
y muerto me den por el culo.
El pasado año pudimos comprobar en este blog cómo les había pasado factura el tiempo a diversos personajes animados (ver AQUÍ). Por ello y para celebrar el aniversario, he pensado que sería justo ver cómo les fue a las princesas y las más famosas protagonistas de los cuentos. Espero que os guste:
Kaleke caminaba descalzo sobre la tierra polvorienta que cubría todo el trayecto que llevaba desde su casa hasta el pozo. Los dos cubos que transportaba atados a cada extremo del palo se balanceaban juguetonamente de un lado hacia otro en un eterno vaivén. El sol comenzaba a despuntar sobre el horizonte y dibujaba sombras alargadas en la desnuda espalda de ébano del chico.
Se había levantado temprano, un día más, para poder echar una mano a sus padres en los quehaceres de la casa, si es que así se le podía llamar a la pequeña cabaña que compartía con ellos, su hermano y su abuela.
Hacía poco que su hermano pequeño Musamba, más hábil en ciertos menesteres, le había enseñado a silbar y practicaba sin descanso siempre que podía. Estaba perfeccionando una melodía que les cantaba su madre desde que eran pequeños. La silbaba una y otra vez sin descanso y con entusiasmo para evitar que el recorrido se le hiciera tan duro.
De pronto, el suelo comenzó a temblar con un sonido apagado que poco a poco iba en aumento. Volvió la cabeza y vio como una nube de polvo se dirigía hacia él. Temeroso, dejó caer los cubos al tiempo que se apartaba del camino principal y se ocultaba tras la maleza. Permaneció inmóvil durante un tiempo que a él le pareció eterno, hasta que el estruendo llegó hasta donde estaba. Allí delante, a unos metros, en el mismo camino por donde había pasado hacía un rato, vio lo que parecía un extraño demonio que rugía pero que no tenía boca. De su interior aparecieron dos hombres con unos bastones que cogían con ambas manos, aunque eran unos bastones como nunca antes había visto. Uno de ellos elevó el bastón por encima de su cabeza y de pronto comenzó a escupir truenos, por lo que Kaleke se asustó y comenzó a correr hacia el interior de la sabana. El hombre le vio y corrió tras él hasta que le dio alcance. Kaleke notó un golpe en la cabeza y después le envolvió la oscuridad.
La madre andaba preocupada, pues su hijo hacía horas que debía haber regresado con el agua. Había mandado a Musamba a buscarle ya que ella estaba enferma y no podía caminar debido a su estado, pero éste había vuelto al cabo de una hora y media sin noticias de su hermano.
El padre regresó de su dura mañana de caza con dos liebres colgadas de su cinto. Cuando se enteró de la noticia decidió salir en su búsqueda y siguió los pasos de su amado hijo para intentar averiguar su paradero. Cuando encontró el palo con los dos cubos a un lado del camino se detuvo. Fue entonces cuando se fijó en las huellas dejadas por el todoterreno y comenzó a comprender.
Sus manos estaban atadas y caminaba con dificultad ya que llevaba los ojos vendados. De vez en cuando oía cómo le gritaban mientras le daban empujones para que no perdiera el paso. Al quitarle la venda tuvo que protegerse con los brazos de la claridad que entraba por una pequeña ventana. Cuando se hubo acostumbrado a la luz vio con asombro que se encontraba en una especie de habitación con muros de piedra rodeado de chavales de edades en torno a la suya.
-¿Cómo te llamas?
-....
-¿No sabes hablar?
-Ka...leke- balbuceó.
-Yo soy Tenka y mi padre es el jefe de mi tribu. Él vendrá y me rescatará, y también a ti. Es muy fuerte y valiente, hasta los leones le temen. Ha cazado varios y una vez mató una serpiente con sus brazos.
Mientras Kaleke escuchaba la historia de su nuevo amigo echó un vistazo al resto de los muchachos que les rodeaban. En sus caras veía reflejadas la angustia y la tristeza de haber sido arrancados del seno de sus familias. Algunos de ellos se habían orinado y avergonzados mantenían sus cabezas agachadas mirando al suelo. Otros chillaban y golpeaban en vano la puerta tratando de pedir auxilio. En mitad de aquel caos tuvo una sensación que no había experimentado jamás, sintió una gran opresión en el pecho y unas ganas irrefrenables de llorar.
Al cabo de un rato, la pequeña puerta que había permanecido cerrada se abrió y Kaleke reconoció a uno de los dos hombres que había visto bajar del extraño demonio que rugía. Traía consigo un saco de panecillos que vació en el centro de la habitación y una palangana con agua que dejó en el suelo junto a un pequeño cazo metálico. El hombre se marchó y los chavales se abalanzaron sobre las provisiones.
Los años habían transcurrido lentamente en el poblado. Pero más lentamente para la familia de Musamba, sobre todo desde la desaparición de su querido hermano. Todos los días rogaba a los dioses que le devolvieran a la persona que más quería junto a sus padres. Y todos los días se acostaba con la esperanza de que a la mañana siguiente, al despertar, su hermano estaría junto a él, se levantarían y se irían al gran árbol del bosque a jugar colgados de sus ramas. Esa noche soñó que se bañaban juntos en el lago que se formaba al sur del poblado durante la época de las lluvias y que servía de abrevadero para las manadas de animales.
Un estruendo ensordecedor le despertó en mitad de la noche. Salió apresuradamente de la cabaña y bajo la luz de la luna distinguió un grupo de soldados que estaban asaltando el poblado con sus armas automáticas, apresando a los más jóvenes. Sin pensarlo dos veces echó a correr, pero uno de ellos ya lo había visto y dio la voz de alarma al resto. Montados en su todoterreno, un par de hombres dieron caza al fugitivo. Musamba creyó reconocer a uno de ellos.
-Hermano, ¿eres tú?
Aquél le miró con gesto extraño y preocupado. Sus ojos dijeron que sí pero negó con la cabeza. Lo apresaron y lo subieron con ellos. Cuando regresaban a reunirse con el resto, el soldado golpeó a su compañero con la culata del arma y empujó a Musamba del vehículo.
-¡Corre! ¡Corre!
Corrió tan rápido como nunca antes había corrido, aunque le dio tiempo a echar la vista atrás un par de veces, lo justo para ver cómo aquel soldado que le había ayudado a escapar era abatido de un disparo por su compañero herido.
-¡Kaleke!- imploró Musamba.-¡Kaleke!- el eco sordo de su voz se perdió en la inmensidad de la llanura.
Una ráfaga de ametralladora sonó detrás de él. Eran miembros del ejército que venían a contrarrestar las acciones furtivas de la guerrilla. Una vez sofocada la escaramuza y los asaltantes puestos en fuga, Musamba se volvió a reunir con sus familiares que, por suerte, no habían resultado heridos. Otras familias no habían corrido la misma fortuna, ya que sus hijos habían sido reclutados por los soldados de la muerte.
-Kaleke, deja de jugar con las luciérnagas, es hora de dormir.
-Papá, cuéntame la historia de mi tío una vez más.
-Está bien. Si me prometes que te acuestas, te la contaré.
El niño asintió.
-Bien, comencemos: yo tenía un hermano al que quería mucho y que se llamaba como tú.
Pensamientos JFS y blog.artecar24 convocan a todos los blogueros que lo deseen a escribir sobre la convivencia el próximo 8 de octubre de 2010.
Antecedentes o cómo surge la idea
El año pasado, ya hubo un proyecto que versó sobre solidaridad. Se aceptó el reto y escogida la fecha, sin otro propósito ni motivo que tener tiempo suficiente para promocionar la idea se movilizaron 153 blogs, que se dice pronto. Fue algo magnífico ver y leer a 153 mentes escribiendo, cada quien a su modo, libremente, sobre la solidaridad.
Ahora, este año, queremos repetir la experiencia. La palabra escogida: convivencia. Como el año pasado todo parte de una pregunta en un comentario.
Aclaraciones aclaratorias (de los ideólogos de la propuesta)
No buscamos publicidad ni enlaces ni que nos conozcan. Si te dicen, lees o piensas que hacemos esto por promocionar nuestros sitios yo te propongo algo: ¡róba nuestra idea! ¡hazla tuya! ¡difunde la propuesta y preséntala como propia!
Ahora bien, Senovilla y yo (Ángel Cabrera) mismo sí queremos enlazarte. Deja tu comentarios en nuestros artículos, envíanos un correo privado, contacta a través de nuestras cuentas en Twitter. Yo quiero enlazarte a ti solo porque tú vas a participar. Yo quiero reconocer tu adhesión a esta iniciativa promocionando tu sitio con todas mis posibilidades.
¿Qué hay que hacer?
1. Promocionar esta iniciativa antes del día 8 de octubre de 2010 para conseguir el mayor número de participantes.
2. Escribir el día 8 de octubre de 2010 sobre lo que es para ti la palabra convivencia.
(Si el 8 de octubre no puedes escribir o temes olvidarte, puedes programar la entrada desde mucho antes. Casi todos los sistemas de blogs permiten usar la publicación programada.)
Sin normas pero con orden
No hay normas. No vamos a decirte cómo o qué debes hacer o escribir ese día. Sólo te pedimos que hagas algo en tu blog relacionado con lo que significa para ti convivir, la convivencia.
Pero... sí queremos enterarnos de que lo haces para poder enlazarte nosotros a ti. Deja tu comentario en el artículo de Pensamientos JFS o en artecar.24, así te podremos seguir la pista y en los días posteriores publicar un listado de los artículos escritos.
Imagínate por un momento en un país remoto, con la tarea de educar a los 58, sí 58, hijos de un rey chapado a la antigua, y con muchos prejuicios todavía por superar...
Ese es básicamente el panorama que se encontró la protagonista de la película de la que hablaré hoy.
Basándose en el diario de Anna Leonowens, la escritora Margaret Landon escribió "Ana y el Rey de Siam", de la cual se han realizado tres películas y una versión animada. La que hoy me ocupa es la versión más actual:
Thailandia, finales del siglo XIX. La vida de la institutriz británica Anna Leonowens, contratada por el Rey de Siam para que educara a sus cincuenta y ocho vástagos. Nada más llegar a estas desconocidas y exóticas tierras, Anna se ve inmersa en una lucha de ingenio con el obstinado soberano. Basada en hechos reales.
Recibió 3 nominaciones a los Premios Oscars.
COMENTARIO:
Me la recomendaron por su vertiente educativa, y me ha sorprendido gratamente. Lo único negativo que he podido observar es la duración, 2 horas y pico quedan un poco excesivas...
En contrapartida me he encontrado con una historia en la que además de tener que educar a 58 hijos de un rey, Jodie Foster no para en ningún momento de dar lecciones al rey, sí, al rey. Lecciones que van desde la esclavitud (que en ese momento histórico estaba muy extendida en Siam), pasando por un injusto sistema judicial (que después se mejoró) hasta temas todavía hoy tan actuales como la igualdad de géneros.
Sin duda toda una lección "real" de educación en valores, aderezada con unos paisajes de ensueño y una película de cuidados detalles.
Recomendable para una tarde de domingo en el sofá.
Saludos.
"Del soroll al silenci" es el título del libro que hace unos meses publicó mi amigo Ximo Huguet (algunos le conoceréis por su blog OndaHistoria). Recientemente he terminado de leerlo y he creído conveniente hacer en este humilde espacio una pequeña reseña del mismo. Mis comentarios, como el título, están escritos en castellano porque sé que muchos de los seguidores de este blog no entienden el valenciano, pero el libro sí está escrito en valenciano.
En la primera parte del libro, Huguet descubre, con nombres y apellidos, quiénes eran las personas que vivieron en la retaguardia republicana en nuestro pueblo, Onda. Las que encabezaron los "Comités antifascistas y revolucionarios". También nos hace caer en la cuenta del papel que vivían las mujeres en un momento en el cual no tenían el mismo estatus que ahora. O de otros temas, como la violencia cometida por los republicanos, la llegada de refugiados, etc.
Ya en la segunda parte del libro podemos trasladarnos con nuestra imaginación a la horrible realidad del día a día de la guerra, los bombardeos sobre Onda (espectaculares las imágenes reales que acompañan al libro), el testimonio real de la gente que tuvo que esconderse en la "cova de l'Algepsar" (imagen sobre estas líneas), y las bajas (registradas) que hubieron en esos días. Sólo imaginarlo te deja con un nudo en la garganta.
Y en la tercera parte, Ximo Huguet nos lleva al silencio, a ese silencio que duró casi 40 años, en el cual podemos imaginar a un pueblo en ruinas, un pueblo que tuvo que levantar la mano cuando tocaba hacerlo, un pueblo cuyos ciudadanos (como los de tantos otros lugares) sufrieron fusilamientos, encarcelamientos, multas, incautaciones de viviendas, etc. En una situación en la cual el Ayuntamiento, la Iglesia, la Falange y la Guardia Civil jugaron un papel determinante para ejercer una represión que consolidaría al franquismo.
Sin duda, con "Del soroll al silenci", Ximo Huguet ha sabido sintetizar el trabajo que ha realizado durante meses estudiando diferentes fuentes, para hacérnoslo llegar de una forma cercana y poder imaginar cómo se vivieron aquellos años. Y además todo ello acompañado de datos reales, documentos de la época y fotografías inéditas.
Para acabar me gustaría reproducir una de las frases que más me han gustado del libro:
"...el final de la guerra civil supuso el paso del ruido ocasionado por los anhelos de libertad, social y política, de la II República, al inicio de un silencio prolongado durante décadas por la dictadura del régimen franquista".
"Del soroll al silenci" disponible en las librerías de Onda y también en la red (pinchar AQUÍ).