

















Bienvenido al blog de un joven ondense. Un lugar para opinar libre pero respetuosamente.


















Él la miraba de soslayo y con cierto pudor. Su mirada era un cóctel de fascinación y curiosidad. Ella fingía que no se daba cuenta y seguía a lo suyo, intentando permanecer absorta frente al torpe asedio de su pretendiente mientras con el dedo índice se enroscaba un mechón de pelo tras la oreja. Él la miró por el rabillo del ojo. En un momento dado, sus miradas coincidieron. Fue durante una fracción de segundo, pero a él le pareció mucho más. Sintió en su estómago un calor repentino que le quemó y, abrumado por el efecto, volvió su mirada intentando disimular, como si nada hubiera ocurrido, concentrando su atención en la fotografía de aquel señor serio y con traje que colgaba en lo alto de la pared. Incapaz de atender a ningún otro estímulo, siguió con su particular batalla de gestos, enzarzado en una tarea donde las imágenes tenían mucho más sentido y valor que las palabras. 