viernes, 26 de febrero de 2010

Unas viñetas, muchos temas... V

Una semana más, llega la hora de las viñetas...

(Pinchad sobre las imágenes para verlas más grandes).

La primera va de pólvora...


La segunda del microondas, ese gran electrodoméstico:


Y la último reivindicativa:


¿Qué opinas de estas viñetas?

Agradecimientos y reconocimientos a los autores: e-faro

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martes, 23 de febrero de 2010

Algo pequeñito

Noche de sorpresas la de ayer en la gala de TVE "Destino Oslo", en la que se elegía al participante que tenía que representarnos en el Festival de Eurovisión de este año.

La primera sorpresa: la mala educación de un "cantante", John Cobra, que se puso a insultar al público y a hacer gestos de muy mal gusto. Hizo pasar un mal rato a Anne Igartiburu y vergüenza ajena a los especatadores que seguimos la gala. No voy a poner las imágenes, porque me parecen de muy mal gusto. 

Y la segunda, fue que una canción original, diferente y muy bien llevada a escena,  "Algo pequeñito" del cantante Daniel Diges (curtido en musicales como "Hoy no me puedo levantar" o "Mamma mia") se convirtió en la ganadora de la noche.



Os la dejo:

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domingo, 14 de febrero de 2010

El bolígrafo de gel verde


Después de la llamada de rigor de mi marido para indicarme que ya estaban allí, que me quería y que en apenas una hora empezaba la carrera, me puse frente al televisor con la vana esperanza de verlos entre toda aquella multitud de gente. 

Me tragué toda la carrera a través de la tele, sin entender quien iba primero, ni segundo, ni último. Sólo intentanto distinguir a mis dos Migueles a través de la pequeña pantalla. Quise intuirlos en varias ocasiones, pero nada más. 

Después de casi dos horas, un hombre ondeó una bandera a cuadros y comprendí que la carrera había finalizado.

En apenas treinta minutos Miguel me volvió a llamar. 
- Amor, ha sido espectacular, un día inolvidable. Siento mucho que no hayas podido venir a verlo -se le notaba nervioso, agitado, deslumbrado- Lito está que ni se lo cree, tendrías que haberlo visto subido encima del asiento animando a todos los coches. Ahora mismo salimos para allá, un beso amor, y otro de Lito. Te quiero.

Y así, con esa alegría ajena, esperé en casa, tranquila y emocionada a la vez. (...)

Pasaron seis horas -demasiadas pensé- y aún no habían vuelto; la ida les costó cinco (...).

...siete horas. Me seguía inventando razones, pero después de inventarlas surgían flecos que era incapaz de justificar (...).

Cuando, transcurridas diez horas, me llamaron por teléfono, no me hizo falta inventar nada más. (...)

Era una llamada del hospital. El coche de Miguel se había empotrado contra un camión mientras realizaban un adelantamiento. Evidentemente no me lo dijeron así, fueron palabras más dulces para decir lo mismo.

Los bomberos estuvieron más de cinco horas para liberar los cuerpos. Murieron, los dos, en el acto. A pesar de que seguían las investigaciones, según varios testigos Miguel comenzó a adelantar a gran velocidad en un cambio de rasante, cuando se dio cuenta... cuando se dio cuenta ya tenía el camión encima (...). 
Eloy Moreno (El bolígrafo de gel verde)


Cuantas historias, cuantos sentimientos... Este fragmento que acabáis de leer es sólo el resumen de un par de páginas en las que se habla de Sara, la compañera de trabajo del protagonista de "El bolígrafo de gel verde", un libro que ha conseguido apartarme de mis estudios unas horas en los últimos días, ya que aunque mi idea inicial era leer un poquito cada día, acabé teniendo que devorar las 322 páginas que lo conforman de forma compulsiva. 

"El bolígrafo de gel verde" es la historia de un hombre, que te atrapa desde el primer momento, una historia contada con tal intensidad que parece autobiográfica. Una historia de un hombre que vive preso en la celda de vida que se ha forjado, que se levanta cada día sabiendo que será una repetición del anterior, un hombre que vive muerto. Una historia de miedos, de inseguridades y de sentimientos que me arrancó algunas sonrisas y más de una lágrima. 

Por si esto no fuera poco para leerlo, os diré que su autor, Eloy Moreno, ha sido su propio editor y distribuidor, y que está luchando con todas sus fuerzas y recursos para sacarla adelante. Llevando la novela librería a librería, presentándola en diversos foros, medios y formas. Una forma de innovar para no tener que sucumbir ante los grandes tiburones editoriales. Titánico esfuerzo, al que si encima,  tras leerlo te deja tan buen sabor de boca como el que a mí me ha quedado, no se le puede pedir más.

Para los que no lo lleguéis a leer nunca, os digo que os perdéis una gran novela, para los que lo hagáis y la disfrutéis como yo, os invito a que dejéis vuestra opinión en la web www.elboligrafodegelverde.com.

Supongo que a algunos os sonará el nombre de Eloy Moreno, esto es porque además de un magnífico escritor, es blogger y administra "Tercera opinión" el blog desde el cual cada domingo da su particular visión de nuestra sociedad. Os invito también a que lo visitéis. 

ISBN de la novela: 978-84-613-3580-0

Enlaces de interés: 
Blog de Eloy Moreno: Tercera opinión.
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martes, 9 de febrero de 2010

Quimerio


Quimerio Fernández era un hombre extraño. No se le conocían mujer ni parientes, al menos eso decían sus paisanos del pueblo. Vivía en la más absoluta soledad, en una destartalada casita al final de la calle, lindando con el prado. 

La gente que trataba con él, es decir, el dueño del colmado y los vecinos más cercanos a su vivienda, lo consideraban una persona educada, amable y correcta, a la vez que distante y fría. Apenas intercambiaba frases y sus conversaciones nunca duraban más allá de un “parece que va a llover” o “este año la cosecha va a ser buena”. Era bajito, delgado y de piel pálida. Usaba sombrero siempre y jamás se lo quitaba, ni siquiera para saludar a las mujeres cuando se las cruzaba por la calle, limitándose a realizar un ademán con la mano.

En las tertulias de la taberna, uno de los principales temas de conversación era la procedencia y origen de tan curioso personaje, pues a pesar de que él afirmaba que rondaba los cuarenta años, su aspecto físico no denotaba que tuviera más allá de una veintena. Cuando alguien le preguntaba a este respecto, argumentaba que la vida conyugal desgastaba mucho y que él no había padecido esa circunstancia.
-Aunque nunca se sabe lo que nos depara el destino- concluía.

La infancia de Quimerio había sido trágica. Era el menor de cuatro hermanos, todos ellos varones y había nacido en el seno de una familia campesina que vivía en una pequeña cabaña perdida en medio de las montañas, sin más muebles que una mesa coja, varios taburetes carcomidos y un par de camas donde, hacinados, dormían como buenamente podían. El padre se acercaba una vez a la semana hasta el pueblo más cercano, a unos seis kilómetros, para poder vender animales, huevos y leche.

Un invierno resultó mucho más frío de lo habitual y durante varios días nevó sin parar, quedando aislados del resto del mundo. Como consecuencia de las bajas temperaturas y, habiéndose quedado sin leña, sus padres habían perecido de frío, ya que habían utilizado sus escasas vestimentas para arropar a su prole, quedando todos ellos a merced del destino.

Cuando, un mes después, un vecino del pueblo acudió a visitarlos para saldar una antigua deuda, nunca se hubiera imaginado lo que iba a presenciar. Al abrir la puerta, un fuerte olor le provocó náuseas. En el interior, el pequeño Quimerio, que apenas contaba con cinco años de edad, estaba tumbado en la cama, en un estado de semi inconsciencia, delirante y con evidentes síntomas de desnutrición. Los cuerpos de todos los componentes de su familia, en estado de descomposición, yacían desperdigados por el suelo. Los dos cónyuges habían muerto de pulmonía y posteriormente sus vástagos habían hecho lo propio por inanición. Pero había algo más que le llamó la atención y era que todos los cuerpos presentaban mordeduras en muslos y pantorrillas, causadas probablemente por algún pequeño mamífero o roedor. Todos menos el de Quimerio.

El pequeño creció bajo la protección del párroco de la aldea, y cuando llegó a la edad adulta, decidió marcharse para probar fortuna en otros lugares, movido por el impulso de intentar enterrar un pasado tan traumático, de manera que, durante un largo período de tiempo,  estuvo viviendo en diversos lugares, trasladándose siempre hacia donde había posibilidad alguna de trabajo, para finalmente recabar en el actual pueblo, donde llevaba un tiempo asentado.

Una fría mañana de invierno, Quimerio se encontraba realizando las labores de ordeño en su modesto pajar cuando recibió la visita inesperada de un vecino, el cual le preguntó por su perro, ya que lo había echado en falta desde la tarde anterior. Quimerio se limitó a preguntarle:
-¿Quieres conocer mi secreto?

Una mirada entre curiosa y extraña se dibujó en su rostro. Cuando iba a responder, Quimerio ya había cogido la pala y asestado un fuerte golpe en el mentón de su vecino, dejándolo tumbado sobre los deshechos de las vacas. Nunca más se supo de Fermín, que así se llamaba aquel pobre diablo. Se le estuvo buscando durante varias semanas, pero, al no dar con él, finalmente se suspendió su búsqueda.

Al día siguiente de la desaparición de Fermín, los cerdos de Quimerio se dieron un festín de carne humana con los restos que su dueño no había devorado.  
Óscar Morcillo

Para disfrutar de más relatos de Óscar:

El amor de Fahyun y Nemat (inspirado en el caso de Nemat Safavi)
Sensaciones (sobre lo que siente un bebé en su nacimiento)
La lluvia y la navaja de afeitar (con un final sorprendente)
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martes, 2 de febrero de 2010

Cobardes

00:20

- (...) mano dura, te lo tengo dicho...
- Mira Manolo, saqué oposiciones para enseñar historia, no para hacer de policía. Mano dura habría que tener con los padres. ¿Tú has visto alguna asociación de pacientes que entre en el quirófano a decirle al cirujano como tiene que operar? ¿No verdad? Pues algunos padres sí deciden cómo debe ser la disciplina en los centros, y nosotros el último mono...

00:30

- Claro, claro, son muchos y uno tendría que ser Spiderman para acabar con todos. Los otros esperan de uno que sea más fuerte, pero en realidad uno tiene que ser el más inteligente. (...) Porque la inteligencia no abunda.

00:37

- Siguiendo las normas del instituto hemos decidido expulsar a su hijo durante dos días.
- Ya... ¿Pero habrá otra forma de solucionarlo no?
- Es una falta grave, no tengo otra alternativa.
- Imagínese el marrón... Me refiero a que mi mujer y yo trabajamos los dos, ¿cómo vamos a hacer con el niño los días que no pueda venir a clase?

01:02

- Mi padre se dedica a instalar alarmas. (Risas del resto) Y lo hace porque la gente tiene miedo, miedo de que le roben o les puedan hacer daño. A la mayoría nunca les han robado y nunca les han hecho nada, pero cada día hay más gente que se pone una alarma (...). Y da igual que tengas una alarma, porque cuando tienes miedo nadie la oye.


Estas son cuatro escenas (de los minutos indicados) del largometraje "Cobardes" que me llamaron especialmente la atención y me han hecho pensar mucho. Antes de seguir os dejo la ficha:

FICHA:

Dirección y guión: José Corbacho y Juan Cruz.
País: España.
Año: 2008.
Duración: 89 min.
Género: Drama.
Interpretación: Lluís Homar (Guillermo), Elvira Mínguez (Merche), Paz Padilla (Magda), Antonio de la Torre (Joaquín), Javier Bódalo (Chape), Eduardo Espinilla (Guille), Eduardo Garé (Gaby), Ariadna Gaya (Carla).

SINOPSIS

Gaby es un chaval de catorce años que tiene miedo a ir al colegio. Tal vez su temor sea a causa de Guille, un compañero de clase, que a su vez tiene miedo a defraudar a su padre. Pero los padres de Gaby y Guille también tienen miedo. Joaquín, el padre de Gaby, tiene miedo a perder su trabajo, y Merche, su madre, miedo a que su familia se desmorone. Guillermo, padre de Guille, tiene miedo del poder que le envuelve, y Magda, su madre, miedo de no conocer a su propio hijo.Y después está Silverio, el dueño de la pizzería, que no le tiene miedo a nada. Bueno… tal vez a Dios. ¿Y tú? ¿De qué tienes miedo?

COMENTARIO:


Debut en el cine del niño Eduardo Garé, y hasta la fecha creo que su único papel, lo cual es una pena, porque su papel de maltratado, de "el zanahoria" (es pelirrojo) me parece muy logrado.

La película nos sumerge en la problemática de la angustia de los niños maltratados por sus compañeros, del miedo que se instala en su vida y le hace ensimismarse, con una moraleja, debemos enfrentarnos a nuestros miedos si queremos superarlos. Pero no es fácil, y a veces, tomar la decisión acertada es complicado.

Como temas igual o más importantes están los personajes de los padres, tanto de los padres del maltratado como el de los padres del matratador. Los primeros por no saber bien lo que le está pasando a su hijo, hay un gran problema de comunicación y los segundos con dos vertientes, de un lado la madre (una formidable y sorprendente actuación de Paz Padilla) que no sabe como afrontar lo que está pasando, y del otro el padre (Lluís Homar) que de saberlo probablemente lo aplaudiría.

Otro tema que se deja ver es el problema que hay en los centros referente a la confianza que los padres tienen sobre los profesores (con ese párrafo arrancaba este post), y como tampoco tienen tiempo ni para atender a sus hijos "¿cómo vamos a hacer con el niño los días que no pueda venir a clase?"...

Una película en la que "Cobardes" parecen todos, desde la madre al acosado, y del acosador al padre. Un reflejo de la cobardía que prima en nuestra sociedad, en este caso focalizado en el acoso escolar.

Y mención especial merecería el final de la película del cual no voy a hablar para no destripársela a nadie, pero deja un mensaje para pensar...

Enlaces:
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